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Algunos de tus recuerdos son falsos. El experimento de Elisabeth Loftus.

09 Ago 18
Olaya Alcaraz
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La premisa parece muy arriesgada. Recordamos cosas que no hemos vivido. Parte de nuestros recuerdos no son fidedignos. Puedes recordar con exactitud cosas que realmente no fueron así.

¿Cómo es esto posible?

Vamos primero a volver al pasado. Nos encontramos en la época en la que el psicoanálisis estaba en auge. El estudio del inconsciente era la línea predominante de tratamiento y bucear en el inconsciente para rescatar recuerdos reprimidos era el pan de cada día en las consultas psicológicas.

Paralelamente a esto, en el ámbito judicial se da un efecto curioso: crecen exponencialmente las denuncias de agresión sexual. Las autoridades estaban atónitas ante este hecho. Investigando estos casos, muchos tienen un denominador común: las denuncias las hacen personas adultas pero se refieren a abusos sexuales en la infancia. Y poseen otro punto en común. Muchas de estas personas han recordado estos abusos a raíz de terapias psicoanalíticas.

Elisabeth Loftus y sus estudios.

Elisabeth Loftus es una psicóloga y matemática que ha dedicado su carrera a estudiar la formación de recuerdos y la arquitectura de la memoria. Con este caldo de cultivo se preguntó si el total de las denuncias de abusos en la infancia se debía a una verdadera situación de agresión sexual, o a la sugestión creada en la terapia. 

¿Quizás los psicoanalistas, en su búsqueda del recuerdo reprimido, habían conseguido, sin darse cuenta, crear ese recuerdo en sus pacientes?

Esa misma pregunta se hizo Loftus.

El experimento del centro comercial

Loftus realizó una seria de experimentos para comprobar si la creación de recuerdos era posible, pero este es el más paradigmático. Reclutó a una serie de voluntarios para realizar un experimento sobre la memoria humana. A su vez, Loftus se compinchó con familiares y amigos de estas personas. Con sus familiares y amigos crearon 4 situaciones: 3 eran recuerdos reales y uno era una situación falsa sobre que, cuando el voluntario era pequeño, se perdió en un centro comercial. Con la ayuda de los familiares y amigos, se creó una situación falsa lo más plausible posible.

Durante el experimento, se les narraba a los pacientes las cuatro anécdotas, sin decirles que una de ellas era falsa. A los pocos días, se les volvió a entrevistar y se les preguntó si recordaban estas cuatro situaciones. Una de cada cuatro personas decía recordar la situación en el centro comercial, incluso daba detalles sobre la misma (qué centro comercial era, dónde se perdió, qué ropa llevaba, qué hizo,…). Cuando se les explicaba que uno de esos relatos era falso, y que tenían que adivinar cuál, varios de ellos fallaron.

Sin apenas interceder, un número considerable de personas (5 de 24) habían creado un recuerdo totalmente falso.

Implicaciones del estudio

La convulsión a raíz de este experimento fueron considerables. Ahora había pruebas de que los recuerdos de los testigos no eran tan fiables como parecían y que tenían que ser sustentados por pruebas físicas. Supuso un gran cambio a nivel judicial, pero también en la forma de hacer terapia. Los psicoanalistas fueron conscientes de que la sugestión podía crear en sus pacientes recuerdos muy dolorosos que no habían ocurrido nunca, y que podían suponer una ruptura con el entorno del paciente. Hablamos de familias rotas.

Esto no quiere decir que la totalidad de nuestros recuerdos sean falsos. Cada vez que contamos el recuerdo a otra persona, tendemos a cambiarlo y, con ello, la narrativa que nos damos a nosotros sobre el mismo. Así que, cada vez que lo “usamos”, lo alteramos. La mayor parte de ellas, de manera insignificante.

Desde luego, lo que queda claro es que la sugestión creada por una figura de autoridad (terapeuta, familiares, profesores, parejas, etc), puede crear un recuerdo falso en nosotros que nos haga hacer dudar sobre cosas que estamos totalmente seguros. Ese efecto se llama “luz de gas” o “gaslighting”, y se sitúa en la base de muchas situaciones de maltrato.

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