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Cómo poner límites sanos

Cómo poner límites sanos

Cuando nos tomamos un tiempo para darnos cuenta de las cosas que nos van bien, significa que estamos recibiendo pequeños premios a lo largo del día

Martin Seligman

Sin duda, saber cómo poner límites sanos a las personas a nuestro alrededor es una de las cosas más complicadas que podemos hacer. Nos cuesta saber cómo decir las cosas, dónde está el límite, cuál es la frontera entre el “no me cuesta nada” y el “¿esto me hace bien?”.

No obstante, los límites son necesarios para  relacionarnos. Nos ayudan a conocer las fronteras con los demás y a preservar esa relación por muchísimos años. O a cortarla si es necesario en el momento preciso.

Poner límites sanos puede ayudarte a conectar mejor con los demás, a sentirse seguro en las relaciones y a no aceptar lo que no es bueno para uno mismo.

Pero antes, aclaremos términos



¿Qué son los límites sanos?

Los límites son una serie de fronteras que se establecen entre los demás y nosotros. Son unas líneas que establecen el respeto mutuo entre las personas que nos ayudan a sentirnos cómodos. Conocer los límites de los demás nos ayuda a saber qué puedo pedir y esperar de esa persona.

Tenemos la creencia de que los límites son siempre fracturas terroríficas en una relación, pero te pondré un ejemplo de límites sanos:

A: Tengo hambre, ¿te apetece que cenemos comida china?
B: Yo también tengo hambre, pero la comida china no me gusta, ¿te apetece italiano?
A: No es santo de mi devoción, ¿mexicana?
B: ¡Perfecto!

En esa conversación, ambas personas han puesto límites que, no sólo no fracturan la relación, sino que va a ayudar a que su relación se fortalezca, ya que saben algo más del otro y se han mostrado respeto mutuo.



¿Qué ocurre cuando no ponemos límites?

Vayamos al ejemplo anterior. ¿Qué pasaría si uno de los dos no hubiera expresado sus deseos?

Probablemente hubieran ido a comer donde uno de los dos quería. El que no está cómodo no hubiera podido fingir que no le gusta lo que está comiendo, poniendo mala cara (aunque intente no hacerlo). La otra persona podría percibir esa expresión, pero no sabría qué pasa. Ambos estarían incómodos y podrían surgir malentendidos.

Progresivamente podría incluso haber una ruptura en la relación, ya que uno de los dos no se siente visto, acumulando tensión y malestar.

En relaciones menos sanas, lo que puede ocurrir es que una persona se aproveche de nuestra falta de límites. Sabe que no dirás que no y fuerza la barrera para obtener lo quiere.



Los límites son protección, no ataque

Muchas de nuestras reticencias con los límites vienen de que podemos sentir que son un ataque al otro. Podemos creer o sentir que atacamos al otro al poner límites, al decir que no o al expresarnos.

Los límites están hechos para protegernos, para crear un espacio a nuestro alrededor que nos mantenga a salvo. 

En nuestro ejemplo, los límites no se ponen para decirle al otro que tiene un mal gusto culinario, sino para protegerse de comer algo que no es de su agrado. Y así está expresado, de forma que el otro no se sienta agredido.

Si la relación es sana, la otra persona aceptará nuestros límites de buen grado. Si no es así, lo más probable es que la relación no prospere, afortunadamente.



Qué son los derechos asertivos

Los primero que necesitamos es conocer nuestros derechos asertivos. Los derechos asertivos son una serie de derechos que tenemos todos y establecen las fronteras necesarias con los demás.


Los derechos asertivos:

  • El derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
  • El derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
  • El derecho a ser escuchado y tomado en serio.
  • El derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.
  •  Derecho a decir que NO sin sentir culpa
  • El derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir “NO”.
  • El derecho a cambiar.
  • El derecho a cometer errores.
  • El derecho a ser independiente.
  • El derecho a decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de otras personas.

Puedes profundizar más en los límites asertivos leyendo este artículo.



Cómo poner límites sanos:

Una vez tenemos estos puntos claros, es importante aprender a poner límites sanos a las personas sin que esto suponga algo demasiado abrumador para ti. Debemos siempre empezar poco a poco, por límites que nos sean relativamente fáciles. Puede ser que te sea más fácil poner límites a un compañero de trabajo que a un familiar. Perfecto, empieza por ahí. Será más que suficiente y lo estarás haciendo muy bien.

Siempre ten en mente que no vas a buscar hacer daño a nadie, piensa siempre que lo que buscas es protegerte. No vamos a intentar que el otro haga tal cosa o que cambie de opinión, si no que tú estés a salvo y que no hagas lo que no quieres hacer.

La forma más fácil para poner límites es hablar siempre de uno mismo, transformando nuestra comunicación en algo que habla de lo que yo necesito, no de lo que el otro hace o es. Es mucho menos agresivo y, por lo tanto, más fácil de expresar y efectivo. Así hablaremos de nuestras necesidades, manteniéndonos a salvo y poniéndolas en valor.

Por ejemplo, podemos transformar:

No te voy a cogerte el teléfono a las 10 de la noche

Por:

Me viene mal hablar tan tarde porque mañana madrugo, ¿hablamos mañana?

Es mucho más fácil y sano poner límites siempre desde el “yo creo” o “yo pienso” en lugar de “esto es así”. Cuando introducimos frases que median nuestra comunicación en las que hablamos de nosotros, el mensaje automáticamente se convierte en algo más suave. Además, hablamos de nosotros, no de lo que hace el otro o de verdades absolutas.

Cambiar el:

Esto no se hace así

Por un sano:

Yo creo que esto no es así

Entiendo que lo hagas así, pero yo prefiero hacerlo de otra manera

Puede pasar que al principio, al intentar poner límites salgan demasiado bruscos o, por el contrario, demasiado suaves y no acaben de entenderse. Esto no significa que esté mal hecho y que te debas fustigar por ello. Todo lo contrario, es un fantástico comienzo, porque estarás integrando que tienes derecho a decir que no. Las formas progresivamente las iras adaptando a ti y mejorándolas, pero ya habrás dado el paso más importante.

Paso a paso, lo conseguirás, no me cabe ninguna duda.

Con cariño,

Olaya

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Olaya Alcaraz

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