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Reloj de arena en blanco y negro representando el tiempo.

Con el tiempo…

10 Jul 18
Olaya Alcaraz

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“Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar el alma.

Y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad y uno empieza a aprender…

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.

Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes… y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema.

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende… y con cada día uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de quererte con tus defectossin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios, multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido, ya es tarde, nunca dejes que algo te sea demasiado tarde.

Pero desafortunadamente, lo aprenderás sólo con el tiempo…”

“Con el tiempo” es un poema que ha sido atribuido a personas tan dispares como Jorge Luis Borges, Shakespeare o Verónica Shoffstall. Sea como fuere, encierra enseñanzas preciosas y muy conmovedoras:

  • Lo bello de centrarse en el hoy. 

Especialmente en la sociedad occidental, tendemos a pensar mucho en el futuro y a hacer planes. Vivimos sintiendo que tenemos que predecir el futuro o que tenemos que llenar nuestra agenda de cosas que hacer. Nada más despertarnos, pensamos en qué desayunar. Mientras desayunamos, en la ducha. En la ducha, realizamos la agenda del día, etc. Pero nunca estamos en el momento presente disfrutando de lo que hacemos.

  • Expresar emociones y sentimientos. 

Muchos problemas que encontramos los psicólogos en consulta están muy relacionados con la incapacidad de hablar de sentimientos, o de permitirnos sentir lo que en su momento es natural. Llorar una pérdida, entristecerse por algo que pudo ser y no fue, expresar que sentimos ira hacia un ser querido o alegrarse por una situación potencialmente dolorosa habitualmente son emociones que cercenamos en el momento en el que aparecen por miedo a que sean “anormales” o porque pueden mirarnos de manera diferente. Es muy habitual escuchar “¿cómo voy a llorar por él, si me hizo tanto daño?” o “Ella querría que yo fuese feliz” es negar que sentimos una emoción y dejar que se enquiste. Expresar con naturalidad lo que sentimos es muy liberador. Ninguna emoción es mala si comprendemos su función, qué hace ahí y nos permitimos sentirla.

Si ahora mismo pensamos en nuestros seres queridos podemos darnos cuenta de lo mucho que los queremos. Pero… ¿cuán a menudo se lo decimos? Probablemente tengas algún familiar o amigo por el que sientes mucho cariño o admiración, pero nunca lo has manifestado. Quizás es momento de hacerlo hoy mismo. A nadie le amarga un dulce.

  • No continuar con una relación por inercia. 

No solamente relaciones amorosas, si no también relaciones de amistad. Por multitud de razones, mantenemos a nuestro lado a personas que no nos aportan lo que necesitamos. Pero no somos capaces de alejarnos de ella. Tarde o temprano, comenzaremos albergar rabia contra esa persona o contra nosotros por continuar ahí. Es el momento de ser sincero contigo mismo y pensar ¿por qué sigo ahí?.

  • Luchar por nuestras metas. 

Y esperamos, y esperamos, y esperamos… y nada cambia. Porque es nuestra actitud la que tiene que cambiar. Esperar que nuestro entorno cambie es sólo factible si nosotros provocamos ese cambio. Porque nadie tiene por qué saciar nuestros deseos. Sólo nosotros somos responsables de lo que hacemos con nuestro futuro y de llegar donde queremos llegar. E interiorizar eso puede darnos muchísima paz. Saber que sólo nosotros tenemos la llave de nuestro futuro es saber que tenemos el poder de ser como deseamos.

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