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Síndrome del impostor o no dar valor a nuestros logros

Síndrome del impostor

Las personas que creen que tienen la facultad de ejercer cierto grado de control sobre sus vidas son más saludables, más eficaz y más éxito que aquellos que no tienen fe en su capacidad para llevar a cabo cambios en sus vidas (Albert Bandura)

Has conseguido un nuevo trabajo pero es una cuestión de suerte, estabas en el momento correcto en el lugar adecuado. Te felicitan por tu desempeño, pero es que justo te ha pillado en un buen momento. Oyes la frase “menos mal que estás tú, que si no…” y automáticamente respondes “no es para tanto”.

¿Esto te suena?

Estas situaciones son típicas del Síndrome del Impostor.

Este término fue acuñado por Pauline Clance y Suzanne Imes para referirse a las personas que son incapaces de sentirse felices por sus logros, mucho menos internalizarlos como algo que se les da bien. Siempre atribuyen lo bueno que hacen a “golpes de suerte”, una buena racha o similares. Nunca son el fruto del trabajo duro o de una capacidad innata. La sensación es que, en algún momento, tendrán que dar la cara y mostrar que realmente, “no son capaces de”.

En pocas palabras, es sentir que no se está a la altura, que se es un fraude o poco competente y que en algún momento alguien se dará cuenta. Y será una catástrofe, claro.

Son lo que yo llamo, las personas “ya, pero…”. Cualquier halago, buena crítica o reconocimiento de los logros viene seguido de “ya, pero…”.

¿Cuáles son las causas del síndrome del impostor?

El síndrome del impostor puede tener muchos orígenes, pero lo que subyace suele ser una alta autoexigencia. Siempre se puede dar algo más, nunca es suficiente. Se podría haber hecho mejor. Debo ser capaz. Existe una retahíla de ideas que se basan en siempre exigirse hasta más de lo que puedes dar. 

Porque no se siente que “no se pueda dar” sino que no estás trabajando lo suficiente, no te estás esforzando, hay que hacer más,… El mínimo siempre es el 10, causando muchísima frustración porque no es posible mantener siempre el estándar de la perfección. 

El origen de la alta autoexigencia es más variopinto. Una exigencia familiar para “ser el mejor” muy alta, sentir que descansar es perder el tiempo, pensar que la valoración externa es vital, etc. 

Y no, no es cierto que siempre “podría haberse hecho más o mejor”. No es cierto que siempre se podía haber dado más. 

Está vorágina de ideas, a menudo deriva en una autoestima devaluada y una idea de uno mismo como “no suficientemente bueno”. Aquí entonces se forma el bucle: 

No soy suficiente -> Consigo un logro -> Debe ser que golpe de suerte

Autoestima y autodiálogo

El síndrome del impostor, a la larga (y a la corta) acaba provocando que la autoestima esté severamente devaluada. No tiene por qué ser la autoestima que se refiere a cómo me siento conmigo mismo, pero sí en todo lo que se refiere a la autoeficacia, a creer que voy a poder lograr cosas o no.

*Para entender mejor la autoestima, pincha aquí.

Esta baja sensación de autoeficacia provoca que nunca se confíe en la capacidad para lograr cosas así que, cuando llega el logro, es totalmente increíble, en el sentido más estricto de la palabra: no puedo creermelo. Comienza entonces un autodiálogo negativo sobre lo que ha ocurrido, haciendo que el logro rápidamente pase desapercibido y el foco vaya directo a lo que se habría podido mejorar.

*Para entender mejor el autodiálogo, pincha aquí.

Formas en las que se muestra el síndrome del impostor

La doctora Young categorizó las distintas maneras en las que se manifiesta el síndrome del impostor:

El perfeccionista

Las metas son totalmente inalcanzables o requieren una cantidad de recursos tremendos. La ansiedad y el desgaste son muy altos, siendo muy difícil alcanzan los estándares autoimpuestos.

El genio natural

Sienten que tienen que entender y saber hacer todo a la primera, sin que exista un período de aprendizaje. Necesitar ese aprendizaje se entiende como que “entonces lo puede hacer cualquiera”.

Los expertos

La sensación constante es que no se sabe todo lo necesario y que se está mintiendo a los de alrededor. Se vive en un constante miedo porque en algún momento se demuestre que, efectivamente, no saben lo que supuestamente deberían saber, que es muchísimo.

Los solitarios

Son personas que nunca piden ayuda porque pedirla demostraría que no son suficientes. Intentan ser muy independientes y mostrar que puede hacer todo sin la ayuda de nadie, produciendo un fuerte desgaste emocional y físico.

El superhéroe

La presión autoimpuesta es tan alta que piensan que sólo esforzándose al máximo demostrarán su valía. Siempre dan mucho más de lo que pueden y es muy frecuente que sean personas que dedican muchísimas horas a su trabajo, produciéndose un rápido burnout.

Cómo superar el síndrome del impostor

Buenas noticias: el síndrome del impostor, en la mayor parte de las ocasiones, mejora de forma espontánea. Es natural que muchas veces ocurra cuando estamos empezando en algún nuevo trabajo, dando los primeros pasos en la profesión o aún no conocemos muy bien nuestras capacidades.

No obstante, si no remite en un tiempo razonable, es muy importante empezar a cambiar ciertos patrones. Te recomiendo que, cuando alguien realice un cumplido sobre ti, simplemente, te limites a aceptarlo y dar las gracias, sin decir ningún pero. Al principio sentirás algo raro, incluso como prepotencia. Pero deja que haga poso, déjate sentir cómo cae un halago.

También es importante que, poco a poco, comiences a desmontar la idea de que necesitas llegar a todo. No sólo no necesitas poder con todo, es que no debes intentarlo. El período de aprendizaje es normal y necesario, nunca es una muestra de debilidad o incapacidad.

Tienes derecho a no poder con todo, a querer realizar una pausa en el camino e, incluso, a reconocer que hay cosas que no sabes hacer. Y está bien. Puedes no saber algo de tu campo específico. Y es normal.

Incluso puedes fallar en hacer algo aunque sepas hacerlo. Porque te ha influido en ese momento que has tenido un mal día, que no has dormido bien, o lo que sea. Eso no es definitorio de lo que eres.

Y si, aún así, este síndrome te afecta más de lo que te gustaría, aquí estoy para ayudarte. Porque esto tampoco necesitas hacerlo solo.

Con cariño.

Olaya Alcaraz - Psicologa EMDR

Hola,
soy Olaya Alcaraz,

psicóloga sanitaria, y me dedico a ofrecer a mis pacientes un espacio en el que pueden hablar las cosas.

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