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El incunable: metáfora sobre la autoestima

Para hablar de autoestima vamos a usar una metáfora:

Imagina que tienes en tus manos un incunable (un libro escrito antes del año 1500). Te dispones a venderlo y escuchas ofertas:

Aparece una persona  que se queda fascinada por su valor. Está dispuesto a pagarte lo que haga falta. Te enseña cómo va a cuidarlo, las molestias que se va a tomar para que no se estropee. Notas cómo lo toca con cariño, se queda embelesado mirándolo, te cuenta historias sobre cuánto lo ha buscado.

Por otro lado, aparece otra persona que te dice que no te da más de una miseria por él, que va a dejarlo en una estantería y que no tiene más interés en tenerlo que «para llenar un hueco». Tú, indignada/o le preguntas que cómo puede hacer una proposición así, y él encoge los hombros y te dice «no es más que un libro viejo».

¿Qué es la autoestima?

El autor Nathaniel Branden define la autoestima como «la reputación que adquirimos con nosotros mismos», añadiendo que es «sentirse apto para la vida».

Me gustaría que reflexionaras sobre la potencia de ambas frases y todo lo que esconden.

En multitud de ocasiones sentimos que somos nuestro peor juez. Es un hecho que muchas personas se dicen a si mismas cosas que no le dirían ni a su peor enemigo. Si este es tu caso, estás fallando en un pilar esencial dentro de la autoestima y la salud mental: el autorrespeto. Argüimos cientos de excusas para entender el comportamiento de los demás, pero llega el momento de entendernos a nosotros mismos y no hay manera.

«Olaya, es que eso es autocompasión y no está bien, siempre hay que mejorar». Esa frase (oída demasiadas veces) hace que me recorra un calambrazo por toda la espina dorsal. ¿De dónde hemos sacado que comprendernos y darnos cariño es algo malo?

Hago una dieta y no me permito ni una onza de chocolate. Cometo un error en el trabajo y soy lo peor. No saco la mayor nota posible en un examen y es que no estudié suficiente.

NO NO NO. Es vital respetarnos, mental y físicamente. Darnos la oportunidad de entender nuestras motivaciones y necesidades. Porque hacemos las cosas lo mejor que sabemos o que podemos. Y como tal merecemos tratarnos, como personas que hacen lo mejor que saben.

Quizás me comí esa onza de chocolate porque después de 3 semanas a brócoli no soporté más. Quizás cometí el error en el trabajo porque, sorpresa, soy humano. No saqué la mejor nota porque no soy experto en la materia, por eso la estudio.

¿Por qué permito que otros me traten mal?

Y aquí llega el colofón. Al ser nuestros peores jueces y no respetarnos, no sabemos exigírselo a otros. Porque el que el otro nos respete no es una opción entre varias, es algo esencial en las relaciones interpersonales. Cuando nuestra autoestima está machacada, no diferenciamos el buen-trato del mal-trato.

Simplemente nos hemos permitido pensar que no somos suficientes, que nos tenemos que conformar. Que, volviendo a la metáfora, que la persona que sólo nos quiere «por llenar un hueco» es válida para cuidar de nosotros. Pero no es así, y nos hace de menos, no nos da importancia. Y se cierra el círculo: dejo que me traten mal porque creo que no soy suficiente y eso, a su vez, refuerza mi idea de que no soy suficiente.

Pero se nos ha escapado un detalle primordial: tu valor es intrínseco e innegociable. Lo tienes y punto.

El libro no pierde el valor sólo porque una persona no lo vea. Sólo cambia la forma de apreciarlo por los demás.

¿Y si el incunable eres tú? ¿Por qué vas a hacer caso a quien no te da valor? ¿Acaso pierdes valor porque alguien no sepa verlo?

El cambio empieza por ti, por poner límites, y respetarte. Por darte la oportunidad de entender por qué hiciste aquello. Por qué hay cosas que no puedes hacer por mucho que lo intentes. 

Dicho de otra manera, mereces tratarte como la persona a la que más quieres.

Comienza con pequeñas cosas, como darte un capricho sin que haya una razón, dedicarte un tiempo a ti o reconocer que puedes cometer errores.

Poco a poco, sin exigirte. ¡Tú puedes!

Con cariño.

Olaya Alcaraz - Psicologa EMDR

Hola,
soy Olaya Alcaraz,

psicóloga sanitaria, y me dedico a ofrecer a mis pacientes un espacio en el que pueden hablar las cosas.

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